Arquitecta, docente e investigadora, Taide Buenfil Garza ha dedicado casi tres décadas a transformar la manera en que México entiende la accesibilidad. Desde su experiencia personal con la discapacidad hasta su participación en normas, proyectos y políticas públicas, su trabajo demuestra que diseñar para todos no es una concesión: es una responsabilidad.
Hay personas que llegan a la accesibilidad desde la profesión. Otras llegan desde la experiencia. En el caso de Taide Buenfil Garza, ambas historias terminaron encontrándose.
Arquitecta egresada de la Universidad Anáhuac, con estudios de posgrado y una trayectoria de casi tres décadas, Buenfil ha trabajado en accesibilidad y diseño universal en ámbitos que van mucho más allá de la arquitectura: vivienda, educación, transporte, espacios públicos, edificios históricos, infraestructura, normatividad y políticas públicas.
También ha sido docente e investigadora y ha participado en iniciativas nacionales e internacionales relacionadas con los derechos de las personas con discapacidad.
Pero antes de convertirse en especialista en accesibilidad, tuvo que aprender a vivir en un mundo que no estaba diseñado para ella.
A los 21 años, cuando estudiaba Arquitectura, sufrió una caída de caballo que provocó una lesión medular y cambió su vida.
Hoy, su experiencia personal y profesional forman parte de una misma historia: la de una mujer que decidió no limitarse a adaptarse a un entorno inaccesible, sino trabajar para transformarlo.
Entrevista
Tu historia con la discapacidad comenzó cuando eras muy joven y estabas estudiando Arquitectura. ¿Qué significó para ti ese momento?
Taide Buenfil: Fue un cambio radical. Yo tenía 21 años y estaba estudiando el sexto semestre de Arquitectura. Después del accidente tuve que enfrentar una realidad completamente diferente.
Pero quizá una de las cosas más difíciles no fue la silla de ruedas en sí, sino enfrentar la manera en que otras personas me miraban.
Tuve que aprender nuevamente muchas cosas y, sobre todo, aprender a no permitir que la discapacidad definiera todo lo que yo podía o no podía hacer.
Mi familia, mis amigos y la universidad fueron fundamentales. La Universidad Anáhuac me permitió continuar estudiando con mi grupo y terminar mi carrera.
Eso fue muy importante para mí porque me permitió entender que una discapacidad no tiene por qué significar que una persona deje de estudiar, trabajar o desarrollar sus capacidades.
¿En qué momento comenzaste a entender que la arquitectura podía convertirse en una herramienta para cambiar esa realidad?
Taide Buenfil: Creo que fue un proceso.
Cuando comencé a utilizar silla de ruedas empecé a observar cosas que antes simplemente no veía. Una banqueta, una puerta, un baño, una escalera, un transporte… de pronto todos esos elementos tenían otra dimensión.
Y entonces entendí que muchas veces el problema no está en la persona, sino en el entorno.
Una persona puede tener perfectamente las capacidades para estudiar, trabajar o desplazarse, pero si el espacio no le permite hacerlo, estamos creando una barrera.
Ahí comenzó a cambiar mi manera de entender la arquitectura.
En algún momento alguien te preguntó si tú elegiste la arquitectura o si la discapacidad te eligió a ti. ¿Qué significó esa pregunta?
Taide Buenfil: Fue una pregunta que me hizo pensar muchísimo.
Porque yo ya era arquitecta, pero también estaba descubriendo una realidad que antes no conocía.
Con el tiempo entendí que no tenía que elegir entre ser arquitecta y trabajar por las personas con discapacidad.
Podía hacer ambas cosas.
La arquitectura podía ser precisamente la herramienta para lograr que más personas pudieran vivir con autonomía.
Comenzaste a trabajar formalmente en accesibilidad y diseño universal en los años noventa. ¿Qué encontraste en ese momento?
Taide Buenfil: Encontré que había muchísimo por hacer.
En aquella época la accesibilidad todavía se veía muchas veces como algo adicional. Como poner una rampa o hacer una modificación cuando alguien lo solicitaba.
Pero la accesibilidad es mucho más que eso.
Tiene que ver con cómo una persona entra, se mueve, encuentra información, utiliza un espacio y puede participar en igualdad de condiciones.
Y, sobre todo, tiene que pensarse desde el inicio.
Has participado en proyectos de vivienda, transporte, universidades, aeropuertos, edificios públicos e incluso inmuebles históricos. ¿Qué has aprendido trabajando en espacios tan diferentes?
Taide Buenfil: Que cada espacio tiene sus propios retos, pero el principio es el mismo: las personas somos diversas.
No existe una sola manera de habitar un espacio.
Por eso tenemos que diseñar pensando en esa diversidad.
Una persona puede utilizar una silla de ruedas hoy, otra puede tener una lesión temporal, otra puede ser una persona mayor y otra puede necesitar simplemente más espacio para desplazarse.
El diseño universal parte de entender que esa diversidad existe.
Muchas veces cuando hablamos de accesibilidad pensamos inmediatamente en rampas. ¿Qué tan limitada es esa visión?
Taide Buenfil: Es una visión muy limitada.
Una rampa que tiene una pendiente incorrecta no resuelve nada.
Un edificio puede tener una rampa y seguir siendo inaccesible.
Hay que pensar en todo el recorrido: cómo llegas al edificio, cómo entras, cómo circulas, cómo encuentras la información, cómo utilizas los servicios y cómo sales.
Y también hay que pensar en la accesibilidad sensorial y comunicacional.
La accesibilidad no es un elemento. Es una experiencia completa.
Tu trabajo también llegó al terreno de las normas y las políticas públicas. ¿Por qué era importante llevar la accesibilidad de los proyectos a la legislación?
Taide Buenfil: Porque si la accesibilidad depende únicamente de la voluntad, nunca vamos a avanzar lo suficiente.
Necesitamos reglas claras.
Participar en la elaboración de normas de accesibilidad fue una parte muy importante de mi carrera porque una norma puede generar cambios mucho más amplios que un proyecto individual.
Cuando una especificación se convierte en una obligación, cambia la manera en que diseñan los arquitectos, construyen los desarrolladores y trabajan las instituciones.
En 2007 se publicó en el Diario Oficial de la Federación una norma mexicana relacionada con la accesibilidad de las personas con discapacidad a espacios construidos de servicio al público. ¿Qué significó para ti?
Taide Buenfil: Fue una enorme satisfacción.
Porque significaba que un tema por el que muchas personas habíamos trabajado durante años comenzaba a formar parte formalmente de las reglas que deben considerar los espacios.
Esos momentos son importantes porque demuestran que el trabajo técnico también puede convertirse en una herramienta de transformación social.
También has dedicado una parte importante de tu trayectoria a la enseñanza. ¿Por qué es tan importante formar a los arquitectos en accesibilidad?
Taide Buenfil: Porque si no enseñamos accesibilidad desde la universidad, seguimos tratando de corregir los problemas después.
Durante muchos años ha impartido la asignatura de Accesibilidad y Diseño Universal en la UNAM y participé en la creación del Seminario de Accesibilidad y Diseño Incluyente.
Para mí, enseñar estos temas es una forma de prevenir.
Si un estudiante aprende desde el principio que las personas somos diversas y que esa diversidad debe formar parte del diseño, probablemente no tendrá que hacer después una adaptación.
La accesibilidad debería ser parte natural de la arquitectura.
Has dicho que también existen barreras que no son físicas. ¿Cuáles son las que más te preocupan?
Taide Buenfil: Las barreras sociales y culturales.
Porque una escalera se puede modificar. Una puerta se puede ampliar. Un baño se puede adaptar.
Pero cambiar prejuicios es mucho más complejo.
A veces las personas con discapacidad somos tratadas desde la lástima o desde la idea de que necesitamos que alguien haga las cosas por nosotros.
Y eso también es una barrera.
Tenemos que entender que las personas con discapacidad tenemos derecho a tomar decisiones, trabajar, estudiar, tener una vida profesional y participar en todos los espacios de la sociedad.
¿La sociedad sigue viendo la discapacidad desde una perspectiva asistencialista?
Taide Buenfil: Todavía existe esa visión.
Y tenemos que cambiarla.
Una persona con discapacidad no necesita que le hagan un favor.
Necesita que se respeten sus derechos.
La accesibilidad no debería verse como una concesión.
Es un derecho.
En tu experiencia también has enfrentado situaciones de discriminación o trato diferente en espacios profesionales. ¿Cómo se combate algo que muchas veces parece tan cotidiano?
Taide Buenfil: Primero tenemos que reconocerlo.
Hay cosas que parecen pequeñas, pero dicen mucho.
En algunas reuniones profesionales, por ejemplo, podía ocurrir que a mis colegas hombres se les llamara por su título profesional y a mí se dirigieran de otra manera como señorita, que en lo personal, me choca.
Son detalles, pero en las formas se encuentran los fondos.
La inclusión también se construye en la manera en que hablamos, tratamos y reconocemos a las personas.
Has participado en espacios internacionales y en discusiones sobre los derechos de las personas con discapacidad. ¿Qué falta todavía por hacer en México?
Taide Buenfil: Muchísimo.
Hemos avanzado, pero todavía tenemos ciudades, edificios, transporte y servicios que no consideran adecuadamente a todas las personas.
Y no podemos pensar solamente en las grandes obras.
La accesibilidad tiene que llegar a la vida cotidiana.
A la vivienda, a la calle, al transporte, al trabajo, a las escuelas, a los espacios culturales.
Tenemos que dejar de pensar en accesibilidad como un proyecto especial y empezar a verla como una característica básica de cualquier proyecto.
¿Cómo debería ser una ciudad verdaderamente accesible?
Taide Buenfil: Una ciudad en la que una persona pueda desplazarse con autonomía.
Pero también una ciudad en la que pueda estudiar, trabajar, divertirse, acceder a servicios y tomar decisiones.
La accesibilidad no es solamente movilidad.
Es participación.
¿Qué papel tiene el diseño universal en esa transformación?
Taide Buenfil: Un papel fundamental.
El diseño universal busca que los espacios y productos puedan ser utilizados por la mayor cantidad de personas posible, sin necesidad de hacer adaptaciones posteriores.
Y eso beneficia a todos.
Cuando diseñamos bien una banqueta, no solamente apoyamos a una persona usuaria de silla de ruedas. También apoyamos a una persona mayor, a alguien que utiliza una carriola, a una persona con una lesión temporal o a alguien que simplemente necesita desplazarse con mayor seguridad.
La accesibilidad no beneficia únicamente a las personas con discapacidad.
Nos beneficia a todos.
Después de casi tres décadas trabajando en estos temas, ¿qué te gustaría que las nuevas generaciones de arquitectos entendieran?
Taide Buenfil: Que diseñar es pensar en las personas.
La arquitectura no existe solamente para verse bonita.
Existe para ser habitada y vivida.
Y si dejamos fuera a una parte de la población, entonces estamos haciendo una arquitectura incompleta.
También les diría que no tengan miedo de cuestionar lo establecido.
Muchas de las cosas que hoy consideramos normales comenzaron porque alguien preguntó: “¿Por qué tiene que ser así?”
¿Cuál consideras que ha sido tu mayor logro profesional?
Taide Buenfil: No podría elegir solamente uno.
Me da mucha satisfacción haber participado en proyectos, normas y políticas, pero también haber enseñado.
Porque cuando compartes conocimiento, ese conocimiento puede continuar multiplicándose.
Quizá ese sea uno de los mayores satisfactores: saber que hay personas que hoy están diseñando, construyendo y tomando decisiones teniendo en cuenta la accesibilidad.
Y si pudieras cambiar una sola cosa en la manera en que México entiende la discapacidad, ¿qué cambiarías?
Taide Buenfil: Cambiaría la idea de que la discapacidad es una limitación de la persona. Muchas veces la limitación está en el entorno.
Si cambiamos el entorno, muchas cosas cambian.
Por eso tenemos que dejar de preguntar qué puede o no puede hacer una persona con discapacidad y empezar a preguntarnos qué podemos hacer nosotros para que pueda participar.
Diseñar para todos
La trayectoria de Taide Buenfil demuestra que la accesibilidad puede comenzar con una experiencia personal, pero no tiene por qué terminar ahí. Puede convertirse en profesión, investigación, docencia, legislación y política pública. Su trabajo ha transitado por todos esos espacios. Y quizá ahí está la dimensión más importante de su legado: haber contribuido a cambiar la pregunta.
No se trata de preguntarnos cómo puede una persona con discapacidad adaptarse a un mundo que no fue pensado para ella. Se trata de preguntarnos cómo podemos diseñar un mundo en el que nadie tenga que pedir permiso para participar. Porque una ciudad verdaderamente incluyente no es aquella que agrega soluciones especiales. Es aquella que desde el principio entiende que la diversidad humana no es una excepción: es la regla. Y para Taide Buenfil, esa idea puede resumirse en algo mucho más sencillo: la accesibilidad no es un favor. Es un derecho.
En accesos.mx creemos que la representación importa. Impulsar una cultura visual más diversa no solo beneficia a las personas con discapacidad: enriquece la manera en que toda la sociedad entiende la diferencia, la empatía y la inclusión.
Aviso: Esta información tiene fines puramente educativos y no sustituye el consejo médico profesional.

