
La depresión en la vejez es un trastorno mental frecuente, pero a menudo silencioso y subdiagnosticado. No es una “tristeza normal por envejecer”, sino un cuadro clínico que afecta el bienestar emocional, social y físico de las personas mayores y que puede complicar la convivencia con enfermedades crónicas, dolor persistente, pérdida de autonomía o cambios significativos en roles de vida. Estudios globales estiman que la prevalencia de depresión en adultos mayores puede rondar entre un 25% y más del 30%, dependiendo de los instrumentos diagnósticos y los contextos evaluados.
En México, datos de salud pública indican que entre un 15% y 40% de personas mayores de 60 años presentan depresión, con porcentajes más altos en quienes requieren hospitalización o atención médica frecuente. Además, investigaciones comunitarias han encontrado que en poblaciones locales, como en Veracruz, hasta 37.9% de adultos mayores mostraron sintomatología depresiva, con mayor prevalencia en mujeres y personas viudas.
La detección temprana resulta clave. Herramientas como la Escala de Depresión Geriátrica de Yesavage (GDS), ampliamente utilizada en investigación y práctica clínica, permiten identificar síntomas con preguntas sencillas que exploran ánimo, interés en actividades, energía y satisfacción vital. Esta escala facilita distinguir entre cambios afectivos propios de la edad y verdaderos síntomas depresivos.
Factores que pueden aumentar el riesgo de depresión en la vejez incluyen el aislamiento social, la pérdida de seres queridos, el dolor crónico, la presencia de enfermedades físicas, la discapacidad y la falta de redes de apoyo. A diferencia de lo que muchos creen, la depresión no es un componente inevitable del envejecimiento; es una condición que merece atención profesional y terapéutica.
El impacto de la depresión geriátrica va más allá del estado de ánimo: influye directamente en la calidad de vida, la funcionalidad diaria y la adherencia a tratamientos médicos por otras condiciones de salud. Además, se vincula con mayor consumo de servicios de salud y con un incremento en el riesgo de mortalidad.
El desafío en México y en todo el mundo es garantizar estrategias integrales que incluyan:
- Capacitación de personal de salud para identificar síntomas depresivos en personas mayores.
- Programas comunitarios de acompañamiento y redes de apoyo social.
- Integración de la salud mental en la atención primaria.
- Acceso efectivo a intervenciones psicológicas y psiquiátricas adaptadas a adultos mayores.
La depresión geriátrica no es un destino inevitable del envejecimiento; es una condición tratable si se reconoce a tiempo y se brinda atención adecuada. Visibilizarla y comprenderla es el primer paso para promover un envejecimiento más saludable, digno y pleno.
Fuentes bibliográficas (APA)
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Escala de Depresión Geriátrica de Yesavage. Wikipedia.
Managing depression in geriatric populations. Beyer, J. L. (2007). Annals of Clinical Psychiatry.