Enfrentar a la discapacidad no implica sólo la reestructuración del cuerpo, son las emociones las que entran en juego ante la adaptación a una nueva condición de vida que transita caminos insospechados. Con frecuencia incluye una crisis en el sistema de las relaciones familiares con la persona con discapacidad, pues la mejor intención de los familiares por ayudar a sobreponerlo a una nueva forma de vida se puede ver cargada de preocupación excesiva que se refleja en un sobreinterés que antes no se tenía y que resulta contraproducente.

La persona con discapacidad suele intensificar las necesidades por sus familiares y relaciones sociales que frecuentemente se convierten en dependencia, utilizan los síntomas adicionados a su discapacidad como el dolor, la falta de habilidad o el apoyo por parte de los familiares para la realización de actividades de la vida cotidiana y lo convierte en el centro de atención de la familia. La persona con discapacidad reconoce una ganancia secundaria de protagonismo en el sistema familiar, es probable que antes de adquirir la discapacidad no la tenía.

Existen quejas excesivas de la persona con discapacidad porque recibe una mayor atención, la cual se hace de manera directa o a través del incremento de los malestares físicos y psicológicos de su condición e incluso creando otros más que lo sitúan en la posición de enfermo dependiente necesitado de una constante ayuda.

El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, DSM-IV (Pichot, 1995), lo denomina simulación, que se entiende como “La producción intencionada de síntomas físicos o psicológicos desproporcionados o falsos, motivados por incentivos externos”, muchas veces esta simulación se usa como un mecanismo de adaptación a nuevas situaciones, en este caso, la discapacidad.

Debe sospecharse que existe simulación si existe alguna de las combinaciones presentes:

  1. Presentación de un contexto medico legal.
  2. Discrepancia acusada entre el estrés o la alteración explicados por la persona y los datos objetivos de la exploración médica.
  3. Falta de cooperación durante la valoración diagnóstica e incumplimiento del régimen de tratamiento prescrito.
  4. Presentación de un trastorno antisocial de la personalidad.

La simulación dentro de las crisis de discapacidad implica siempre la existencia de recompensas externas como la atención desmedida por parte de los familiares respecto a la condición del paciente y la responsabilidad-culpa compartida de la nueva condición que se enfrenta.

Es posible que con el tiempo y a fuerza de adoptar ese papel, el simulador termine generando la misma patología de la que presume, mediante ese proceso de actuación su autoexclusión del mundo laboral y su retraso en proceso de rehabilitación, ya es esperado.

A medida que el tiempo pasa se refuerza la posición y lo convierte en un enfermo crónico, grave, prácticamente con discapacidad psíquica y como tal es merecedor de algún grado de discapacidad.

El simulador suele convertirse en un verdadero experto en su “imaginaria enfermedad”, pues investiga, estudia y recopila toda la información posible; la simulación cuando se une a una discapacidad suele enmascarar cuadros entre la enfermedad (física y/o psicológica) con la “enfermedad imaginaria” de forma aguda o crónica.

Cuando se intenta desenmascarar o terminar con la simulación cae en una crisis emocional y se convierte en una confrontación hostil, es indispensable la ayuda profesional del psicólogo, ya que de ninguna manera el simulador está dispuesto a perder su status, su condición que tanto le ha costado construir.

Emilio García Losa en su estudio Trastorno Facticio, simulación, enganche terapéutico dependencial y apego, en la Unidad de Salud Mental: Las personalidades subyacentes y la problemática asociada (2009) afirma que este tipo de trastornos tienen su origen en los sistemas de apego construidos en la infancia y son difícilmente diagnosticados en nuestro medio. Son trastornos de difícil tratamiento en los que se requiere la labor de un equipo multidisciplinario experto a fin de lograr su detección y establecer un manejo adecuado y exitoso.

El dolor crónico es un ejemplo claro donde se hace difícil el diagnóstico por ser un fenómeno complejo, multifacético y multidimensional; sin embargo es la suma de inconsistencias que presenta un paciente a lo largo de la realización de diferentes pruebas relativamente independientes y en diferentes dimensiones que refleja un esfuerzo deliberado por dar una imagen falsa de sus capacidades o sintomatología, por eso para el diagnóstico de simulación es necesario el entrecruzamiento de información desde diferentes disciplinas entre ellas la psicológica (González, Capilla, & Matalobos, 2008).

Sobre El Autor

Licenciado en Psicología Clínica, por el Instituto de Estudios Superiores de Oaxaca. Oaxaca, México. Maestro en Educación en el Campo de Orientación Educativa y también Maestro en Psicoterapia Humanista, por el Instituto Universitario "Carl Rogers". Cuenta con un Doctorado en Programa Procesos de formación en espacios virtuales. Funciones mentales superiores en espacios virtuales y gestión de espacios virtuales de información y conocimiento de la Universidad de Salamanca, España y otro en Comprensión del Texto y del Discurso: Procesos Cognitivos y Aplicaciones Instrumentales (Doctorado con reconocimiento de la "Mención de Calidad" por el Ministerio de Educación y Ciencia), Universidad de Salamanca, España.

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