Desde hace más de 100 años del descubrimiento de los rayos X, la radiación ha sido empleada en medicina tanto para el diagnóstico como para el tratamiento de diversos padecimientos. Casi todos los que hemos tenido contacto con personas con cáncer seguramente hemos escuchado hablar de la radioterapia, la cual consiste en un método terapéutico que forma parte del arsenal que emplea la ciencia médica en el tratamiento de ésta -muchas veces letal- enfermedad. La radioterapia actúa a través de ondas o mediante una corriente de partículas destruyendo el ADN de las células malignas, y aunque las células sanas también se ven afectadas, en la mayoría de las ocasiones éstas llegan a regenerarse; este tipo de terapia se puede aplicar externa o internamente dependiendo de si la radiación es administrada desde “afuera” del cuerpo o bien si se coloca material radioactivo dentro del organismo a través de implantes o de radiofármacos. Cabe mencionar que no toda la radiación afecta el cuerpo de igual manera; la radiación empleada en el tratamiento del cáncer se le llama radiación ionizante debido a que forma iones o bien partículas con carga eléctrica en las células de los tejidos por los que pasa.

El médico especialista en aplicar esta herramienta terapéutica es el radio-oncólogo. Se ha demostrado que la radioterapia como tratamiento único puede ser curativa en algunos tipos de cáncer localizados en la cara, cuello, esófago y mama así como de los sistemas nervioso, genitourinario y hematológico dependiendo del tipo de células que se hayan desarrollado de forma anómala y del avance del cáncer en el momento del diagnóstico. Sin embargo en la mayoría de las ocasiones, la radioterapia se emplea junto con la cirugía o con la quimioterapia, o bien los tres tipos de tratamiento juntos o secuenciales a fin de brindarle a la persona afectada una mayor sobrevida o sí es que es posible la curación del padecimiento.

¿Genera discapacidad?

La radioterapia es un método de tratamiento que en muchas ocasiones llega a ser agresivo para los tejidos sanos. Los efectos adversos que aparecen con la radioterapia dependen básicamente de la dosis administrada y del sitio de aplicación, aunque no es raro que se presenten, pocas veces ponen en riesgo la vida o generan discapacidad permanente. Existen efectos adversos agudos o a corto plazo que aparecen al poco tiempo de haber iniciado con el tratamiento; los efectos adversos pueden estar relacionados con el sitio de aplicación de la radiación o bien pueden ser manifestaciones generalizadas que no tienen que ver con la localización del tratamiento. Podemos observar efectos tales como fatiga, náuseas, vómito, anorexia, inflamación del esófago o de la vejiga, alteraciones en la cavidad oral (disminución de la salivación, inflamación de la mucosa, dificultad para deglutir y pérdida del sabor) y disminución de la producción de células sanguíneas como los leucocitos, trombocitos y eritrocitos. Estas manifestaciones pueden durar semanas o meses después de su aparición con el tratamiento adecuado.

También pueden aparecer efectos adversos tiempo después de haber sido aplicada la radiación. Es posible que estos efectos empiecen a manifestarse meses o incluso años después de haber suspendido el tratamiento y dentro de éstos se encuentran la aparición de fibrosis en el sitio de aplicación, atrofia cutánea o ulceraciones, boca seca, cambios auditivos o visuales, afección pulmonar y/o renal, disminución de la libido, disfunción eréctil, infartos cerebrales o de la médula espinal, linfedema o bien la aparición -afortunadamente muy poco frecuente- de un nuevo cáncer secundario a la dosis de radiación administrada. Las personas que reciben además de radiación, quimioterapia, están más expuestas a reacciones tóxicas añadidas que hacen más difíciles los cuidados del paciente debido a que generan aún mayor limitación funcional.

Preguntémonos ahora nuevamente: ¿la radioterapia puede generar discapacidad? Revisando las condiciones secundarias que se pueden generar como resultado del tratamiento -¡el cual es necesario!- estaremos de acuerdo que la situación en que se coloca la persona afectada es de vulnerabilidad biológica en la cual una gran cantidad de funciones pueden verse afectadas.

Efectos adversos frecuentes

Podemos ver que existe fatiga, misma que deteriora en gran medida la calidad de vida, por ello, siguiendo las medidas generales de rehabilitación de la persona con cáncer, es necesario un programa de acondicionamiento físico de tipo aérobico siempre que sea posible, como por ejemplo caminatas breves y a tolerancia o ejercicio activo en cama o en sillón en caso que no le sea posible caminar. Para disminuir las molestias cutáneas si es que existe alguna alteración a este nivel, es importante evitar la exposición al sol de las zonas afectadas, así como el evitar collares, pulseras y demás objetos que pudieran estar con contacto con la piel afectada, asimismo es importante la lubricación cutánea y evitar a toda costa sustancias irritantes como perfumes, lociones y cosméticos; cuando hay lesiones leves, se suele indicar algún medicamento tópico con vitaminas A y D, aceite de bebé y/o esteroides. En quienes reciben radiación en el sistema nervioso central en ocasiones existen repercusiones neurológicas que dan lugar a discapacidad motriz, sensorial o cognitiva -sobre todo en niños- debido a un proceso de desmielinización relacionado con la radioterapia, en este proceso la sustancia blanca del cerebro o de la médula espinal se ve involucrada y como resultado final las funciones antes mencionadas.

Todo esto en conjunto tiene repercusiones en la vida laboral, educativa y sexual de las personas con cáncer sometidas a quimioterapia. Los equipos existentes actualmente, ayudan en mucho a dosificar adecuadamente la radiación administrada y los radioncólogos son médicos experimentados en prevenir y tratar los efectos adversos del tratamiento, así que ¡no temas, tu vida es primero! Cabe mencionar que el objetivo del presente artículo es informar a nuestros lectores de las repercusiones de ciertos tratamientos que, sin embargo, son necesarios para poder salvar nuestra vida en caso de llegar a presentar cáncer, enfermedad agresiva que actualmente es una de las principales causas de mortalidad a nivel mundial y como dicen: “a grandes males, grandes remedios”.

Referencias:

  1. Casciato DA, Lowitz BB. Manual of clinical oncology. 4th ed. Philadelphia: Little, Lippincott Williams and Wilkins, 2000.
  2. DeLisa JA. Physical Medicine and Rehabilitation: Principles and Practice Volume II. 4th ed. Lippincott Williams and Wilkins, 2000.

Sobre El Autor

Médico Cirujano Militar con especialidad en Medicina de Rehabilitación y Alta Especialidad en Rehabilitación Pediátrica. Certificado por el Consejo Mexicano de Medicina de Rehabilitación Teléfonos: 5264 2324 y 5265 3000 ext 7100 Torre Consultorios H. Ángeles Roma. Dirección: Querétaro 62 Consultorio 105, Col. Roma Norte C.P, 06700, Del. Cuauhtémoc CDMX

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