Cuando hablamos de control de esfínteres, nos referimos a la capacidad de poder contener y controlar la salida de orina y heces que nuestro organismo genera como desecho. Esta es una actividad muy compleja, vista desde una perspectiva integral, ya que requiere de diversos componentes para poder ser alcanzada con éxito. El control de esfínteres es una habilidad social necesaria que se adquiere durante el desarrollo1, sin embargo, existen situaciones en las que ya contábamos con ese control y por alguna situación médica se pierde de manera parcial o total, esto puede ocurrir en el caso de una lesión medular.

Hacer uso del baño es una actividad que hacemos todos los días, por ello es importante saber cómo inducir a nuestros hijos a alcanzar esta meta. Existen muchos métodos para lograr este objetivo, pero lo importante es proporcionar una estructura y no olvidar que el elemento fundamental para lograrlo es la constancia. El control de esfínteres en los niños puede ser alcanzado alrededor del año y medio de edad, sin embargo, en nuestro país es común ver pequeños que rebasan esta edad y siguen usando el pañal, probablemente por falta de tiempo para dedicarlo al entrenamiento dada la agitada vida de los padres.

Para pensar en iniciar el entrenamiento para el control de esfínteres, es importante considerar los siguientes elementos:

 

  • Comprensión: La persona a entrenar debe ser capaz de entender indicaciones simples. Debe existir comunicación, ya sea verbal o no verbal, para manifestar la necesidad de ir al baño. La persona debe ser capaz de retener la orina por lo menos dos horas.

 

  • Ambiente apropiado: En los niños, es muy importante utilizar un bañito o bacinica para comenzar con el entrenamiento. Es necesario que el niño se sienta seguro y con los pies apoyados para poder mantenerse sentado y no sentirse estresado por caer o mantener el equilibrio. El baño debe ser un lugar agradable para el niño por lo que resulta útil colocar alguna imagen respecto al hecho de “ir al baño” o alguna tabla de logros para que el niño coloque una cara feliz en base a las metas que haya tenido en el día.

 

  • Tiempo: Es un elemento indispensable crear un esquema en el cual dediquemos cierto tiempo al día para el entrenamiento. Lo ideal es crear una rutina, los mejores momentos del día son probablemente al despertar y antes de dormir.

 

Cuando hablamos de control de esfínteres hablamos de actividades diarias de la vida humana. Para ir al baño de manera totalmente independiente debemos considerar que la persona es capaz de desplazarse hacia esa habitación (ya sea solo o con ayuda de bastones o sillas de ruedas), deslizar hacia abajo pantalones y ropa interior, si se utilizan prendas apretadas o con elementos muy finos como cierres o botones se requerirá de mayor esfuerzo; el aseo o “limpiarse” también requiere de mucha coordinación en brazos, manos y control en el tronco para mantenerse sentado; finalmente el poder levantarse del escusado o hacer la transferencia de vuelta a la silla de ruedas y vestirse de nuevo.

Cuando existe una discapacidad de por medio, es importante determinar el grado de ayuda que será necesario prestar al entrenado para lograr esta acción de manera exitosa, por ejemplo, en un niño con parálisis cerebral probablemente habrá que conducirlo al baño, ayudarle a bajar su ropa, asearlo y vestirlo de nuevo. En una persona con lesión medular, existe la posibilidad de que sea necesario un cateterismo (que también puede llegar a ser independiente bajo el entrenamiento y las condiciones adecuadas) en base a la función que esté teniendo el riñón y sistema urinario, o el tono muscular que exista en los esfínteres (hipotonía o espasticidad) aunado a la existencia o no de sensibilidad.

El primer paso es ubicar la hora en la que la persona a entrenar va al baño, muchas veces, especialmente en niños que tienen la misma rutina de alimentación, encontraremos patrones de periodicidad en las deposiciones y la liberación de orina, si se tiene una idea de este horario es importante llevar al niño al baño unos cinco o diez minutos antes de que esto suceda y explicarle lo que hay que hacer, recordemos que los niños aprenden bajo imitación y son muy visuales, por ello, es de mucha ayuda el sentarnos con ellos un momento a esperar en el baño, tomando en cuenta que no se debe mantener más de cinco minutos sentado al niño para no crear en él aversión a esta actividad.

De igual manera, es importante tener algún entretenimiento para pasar ese tiempo, como contar un cuento o cantar alguna canción; y para los que prefieren la tecnología más avanzada les recomendamos las apps “Potty Time with Elmo” y “Potty Training Time”, que le proporcionará diversión y motivación al niño para hacer sus necesidades.

Recuerda que es importante que el pequeño se sienta cómodo para poder relajar el esfínter y deponer u orinar. En caso de no tener ni idea de la hora en la que el niño va al baño, se recomienda hacer una tabla de registro con la cantidad de líquidos que el niño está tomando y su relación con las veces que se presenta la orina o heces. Otra manera de darnos cuenta de que el niño está orinando o defecando, es la actitud que toma, puede que se concentre mucho y comience a pujar, que se vaya a un rincón, que se ponga de cuclillas, etc. En ese momento debemos hacerle saber que está a punto de ir al baño y debemos llevarlo al sanitario.

El mejor momento para comenzar con el entrenamiento es por la mañana, ya que el niño está relajado y descansado, además, puede tener orina acumulada de la noche. Mientras se mantiene sentado, se pueden dejar caer unas gotas de agua en la entrepierna del niño para estimular la salida de orina, también sirve el escuchar agua caer del lavamanos y en ocasiones presionar un poquito la vejiga para dar esa sensación de querer orinar. Lo ideal es crear una rutina para que el niño empiece a familiarizarse con la idea de ir al baño. Se puede comenzar con tres veces al día e ir aumentando la frecuencia en base a los resultados que se obtengan.

Cada vez que el niño logre “hacer” en el baño, es muy importante incentivarlo, no necesariamente con cosas materiales, algo que funciona muy bien es una tabla de logros, donde colocaremos o dibujaremos una carita feliz o triste en base al esfuerzo del niño, esto siempre con el afán de motivarlo y nunca hacerlo sentir mal consigo mismo; al final del mes, se puede dar algún “premio” dependiendo del juicio de cada padre.

Existen criterios más específicos respecto al entrenamiento del control de esfínteres dependiendo de cada discapacidad. Para poder obtener una ayuda personalizada, es importante acercarse a su médico o terapeuta ocupacional para recibir la información precisa que lo llevará a un entrenamiento más efectivo.

Finalmente, es de vital importancia enseñarle al niño la higiene de manos al terminar, que a decir verdad, muchas veces resulta un premio para ellos, ya que les es divertido jugar con el jabón y el agua. Para lograr que se puedan lavar las manos sin ayuda, es importante que tengan un escalón para poder alcanzar el lavabo por ellos mismos.

El último consejo y el más importante, es no perder la paciencia, el control de esfínteres es una actividad que debe ser enfocada desde una perspectiva positiva y que requiere de mucho compromiso para poder transmitir el mensaje adecuado a la persona que queremos preparar.

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