Entrevista imaginara a Raymond Dufayel, personaje de la película Amelié, mejor conocido como “El Hombre de cristal”.

\r\n

Son tiempos difíciles para los soñadores. Esta es una enseñanza de una de las grandes películas en la historia del cine: Amelié, la cual es el relato de una joven imaginativa, introvertida y antisocial, quien está decidida a convertirse en una vengadora del bien, encuentra el amor.

\r\n

Este cuento nos habla sobre la extrañeza de la vida, recordándonos la delicadeza que tiene el tiempo para pasar y de pronto, un día ya tienes 50 años. Y lo que te queda de toda tu niñez, cabe en una pequeña caja oxidada.

\r\n

A pesar de eso, existe un peculiar personaje: el vecino de Amelié, Raymond Dufayel, quien tiene una enfermedad congénita que a debilitado sus huesos, haciéndolos sumamente frágiles, por lo que se ha ganado el apodo de “El hombre de Cristal”. Es él quien impulsó a Amelié a luchar por sus sueños y es por ello que he venido el día de hoy a visitarlo.

\r\n

Me encuentro en Montmartre, uno de los barrios más famosos de París. Justo cuando entro a la puerta del edificio sale Amelié, vestida de rojo, ella me dirige una leve mirada con sus ojos negros antes de salir corriendo (seguramente se le ha hecho tarde para llegar a su trabajo).

\r\n

Subo al segundo piso para encontrarme con Monsieur Dufayel. La puerta ya está abierta, señal de que me está esperando. Entro al pequeño y desordenado departamento para encontrarlo sentado en un sillón frente al televisor, el cual muestra escenas de películas viejas, que al parecer no tienen sentido.

\r\n

-¿Cómo se encuentra Monsieur Dufayel?

\r\n

Para ser sincero contigo, muy confundido. Como sabrás, una enfermedad en mis huesos me ha confinado a este departamento. En décadas, lo más lejos que he viajado es al rellano de mis escaleras.

\r\n

He vivido encerrado en mi mundo, desarrollando una excelente capacidad de observación. Aunque sea invisible para muchas personas, he permanecido expectante de todo lo que me rodea, sensible de los problemas de los otros, de sus gustos y aficiones, cosa que el resto del mundo parece dejar en el olvido.

\r\n

La misma cualidad la tenía mi pintor favorito, Renoir, De quien he copiado el cuadro “Almuerzo con remeros” cada año por los últimos veinte años. La parte más difícil de emular, son las miradas, en especial la de una chica que bebe un baso de agua.

\r\n

Ella me recuerda a mi vecina, la pequeña Amelié, quien está en este mundo, sin realmente formar parte de él, ella es diferente y tiene un alma hermosa.

\r\n

-¿Por qué lo dice, Monsieur Dufayel?

\r\n

Nuestro mundo está lleno de personas especiales, a pesar de ello, descubrirlas es un verdadero reto. En ella he encontrado magníficas cualidades de bondad, pero al mismo tiempo, se encierra en ella misma. Tiene un gran miedo que le ha inhabilitado para ser feliz y vivir su vida.

\r\n

Es ella quien me ha traído este video –señala el televisor que en este momento proyecto una carrera de caballos-.

\r\n

Una vez yo le dije que ella, a diferencia de mí, podía soportar los golpes de la vida. Que si dejaba pasar oportunidades, con el tiempo su corazón se iría volviendo seco y frágil como mi esqueleto. Pero me equivoqué… ¡Yo soy igual que ella!

\r\n

Dejé de vivir mi vida, para únicamente contemplar la de los demás, como he hecho con las pinturas de Renoir. En vez de encerrarme en mis miedos como Amelié, me encerré en mi propio cuerpo y en mi discapacidad.

\r\n

Bien dicen que el que no arriesga, no gana. La suerte es como el Tour de Francia, lo esperas todo el año y luego pasa rápido. Las oportunidades hay que atraparlas deprisa, sin dudar. Y lo mismo sucede con la vida, tienes que vivirla cuando es tu turno.

\r\n

Por mi parte, aunque un poco tarde, he aprendido que yo no soy mi discapacidad y con este video, Amelié me lo ha dejado más claro que nunca. Me ha llegado el tiempo de ser feliz y comenzar a tomar riesgos.

\r\n

Así, termina mi entrevista con “El hombre de cristal”, quien decidió que para comenzar a vivir la vida, nunca es demasiado tarde y que los únicos que nos ponemos obstáculos somos nosotros mismos, ya que, como dice un conocido poeta: “La vida no es más que un interminable ensayo, de una obra que jamás se va a estrenar.”

Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.