La epilepsia es uno de los padecimientos neurológicos que se presenta con más frecuencia.  Es causada por una actividad neuronal anormal, que provoca crisis convulsivas y tiene un impacto psicológico y social tanto en el paciente como en su familia.

En México la mitad de las personas diagnosticadas con epilepsia son menores de 2 años, se trata de aproximadamente de un millón de niños, por ello la importancia de encontrar un tratamiento adecuado para cada uno de los casos.

Es más común que se presenten crisis convulsivas en la primera etapa de la vida, es decir, de los 0 a los 12 años, que es cuando el cerebro atraviesa la  fase de crecimiento y desarrollo más importante que tendrá a lo largo de la vida. Por lo tanto, controlar oportunamente las convulsiones en pacientes con epilepsia,  previene retrasos en el desarrollo cognitivo y el aprendizaje del pequeño.[1]

La prevalencia de crisis convulsivas interviene en la incidencia de trastornos neuropsicológicos, de disfunción cognitiva y de dificultades en el aprendizaje. Además de afectaciones psicológicas, como las causadas por el estigma, al temor y la incertidumbre relacionados casi siempre, a lo aparatosas que pueden llegar a ser las crisis. [2]

Existen casos de epilepsia severos, donde a pesar de recibir tratamiento con dos o más medicamentos anticonvulsivos, las crisis continúan presentándose. Esta condición recibe el nombre de Epilepsia refractaria a tratamiento farmacológico y se presenta aproximadamente en un tercio de las personas con diagnóstico de epilepsia.

El deterioro cognitivo, asociado a la epilepsia refractaria en la infancia, puede ser una consecuencia de presentar múltiples convulsiones en un solo día. Esto, puede tener una importante repercusión en la calidad de vida de los pacientes pues, además de la discapacidad intelectual, es frecuente que los pequeños también presenten otras alteraciones neuropsicológicas y trastornos conductuales. [3]

Es de suma importancia brindar alternativas no farmacológicas para controlar estos episodios en la medida de lo posible, una de ellas es la dieta cetogénica, que en algunos casos, puede ayudar a disminuir hasta en un 50 por ciento el número de convulsiones y en algunas ocasiones inclusive ha logrado eliminarlas por completo.

La dieta cetogénica, consiste en una alimentación con muy alto contenido de grasas, muy bajo contenido de carbohidratos, y un contenido normal en proteínas. Este régimen de debe ser controlado estrictamente entre el Neurólogo y el Nutriólogo [4]

En conjunto, aunado a la dieta cetogénica, es necesario que estos pequeños continúen con un tratamiento médico adecuado y una asesoría psicológica oportuna.  El manejo integral, logrará que los pacientes con epilepsia y sus familias mejoren su calidad de vida para desenvolverse mejor en su entono, particularmente en casos tan complicados como los refractarios a tratamiento. 

Bibliografía:

[1] https://www.healthychildren.org/Spanish/health-issues/conditions/seizures/Paginas/How-to-Support-a-Child-with-Epilepsy-Information-for-Parents.aspx

[2] http://www.neuropediatriaytdah.com/wp-content/uploads/2018/07/Monograf%C3%ADa-Epilepsia-en-Ni%C3%B1os-y-Adolescentes.pdf

[3] https://www.uv.mx/eneurobiologia/vols/2018/22/Mart%C3%ADnez/HTML.html

[4] https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?pid=S0370-41062007000500004&script=sci_arttext&tlng=n

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