Quizá nos cueste trabajo entender cómo una persona con autismo puede vivir su sexualidad, especialmente porque la palabra autismo evoca la imagen de una persona que vive en su propio mundo y que no tiene contacto con los demás.

Ciertamente la relación no es el fuerte en las personas autistas ni tampoco lo es la expresión de emociones, pero la experimentación de sensaciones, y dentro de ellas, las que provocan los estímulos sexuales, son prioridad.

Su expresión más natural y común es la masturbación. Los principales cuestionamientos se basan en cómo enseñar al joven o al adulto que se trata de una conducta que sólo puede realizar en privado y que debe respetar los espacios de los demás (dónde y cuándo).

Las personas con autismo tienen expresiones sexuales y tienen derecho a vivir su sexualidad y su autoestimulación podría manifestarse en lugares y momentos poco apropiados que incomodan a los otros, además de ponerse en riesgo ellos mismos, es importante que las personas cercanas acepten abiertamente que la conducta se presenta y le recuerden cuál es el lugar adecuado para llevarlo a cabo.

Algunos padres optan por ponerle un nombre como “estar solo” o “estar contigo”. Así, cuando se presenta la conducta, de manera muy natural, solo recuerdan a su hijo o hija que si quiere “estar solo” o “consigo mismo” debe ir a su habitación y, después de ello, lavarse las manos.

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