Todos de una u otra manera hemos vivido sentimientos de miedo, desasosiego y preocupación; lo denominamos ansiedad y es de origen muchas veces desconocido. Esto no es negativo completamente, ya que la ansiedad cubre diversas funciones en nuestra vida cotidiana. Una de ellas, es que nos mantiene alertas en nuestra vida cotidiana como el voltear a ver si viene un auto cerca o lejos para cruzar una calle, o bien, al utilizar un cuchillo en la cocina y esperar no cortarse, etc., e Esto porque la ansiedad evita las situaciones riesgosas.

La huida o evitación, síntomas típicos de la ansiedad la cual muchas veces se encargará -por esta misma evitación- de responder a lo que supone un reto. Según Goleman:

“Una cantidad moderada de ansiedad en el ambiente nos moviliza adecuadamente”

 

Esta ansiedad adaptativa nos permite utilizar todos los recursos disponibles para dar respuesta a la situación que se plantea.

En ocasiones esta capacidad preventiva de adaptación produce falsas alarmas ante estímulos inofensivos con procesos de miedo y huida que se desbordan del control que pueden experimentar quienes lo están cursando al enfrentar a la persona con los llamados trastornos de ansiedad; se caracterizan porque la ansiedad se convierte en sufrimiento agudo o crónico que mantiene a la persona en total incertidumbre. En México existen estudios que muestran una mayor prevalencia entre los quince y cuarenta y cinco años de edad, con una proporción mayor para las mujeres que para los hombres, de dos a uno, respectivamente.

Dentro de estos trastornos, tal vez el más agresivo es el ataque de pánico, o mejor conocido como panic attack, por su inicio repentino y el miedo intenso a perder el control, volverse loco o morir sin motivo aparente.

Es un trastorno importante debido a que cerca del 30% de la población llega a tener una crisis de pánico en su vida.

Según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (Pichot, 1995) de la Asociación Americana de Psiquiatría es la aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada de cuatro (o más) de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros 10 min:

  1. Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca.
  2. Sudoración.
  3. Temblores o sacudidas.
  4. Sensación de ahogo o falta de aliento.
  5. Sensación de atragantarse.
  6. Opresión o malestar torácico.
  7. Náuseas o molestias abdominales.
  8. Inestabilidad, mareo o desmayo.
  9. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo).
  10. Miedo a perder el control o volverse loco.
  11. Miedo a morir.
  12. Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo).
  13. Escalofríos o sofocaciones.

 

Los ataques de pánico pueden ocurrir en cualquier momento, en cualquier lugar y sin previo aviso. Esto provoca un efecto acumulado pues la persona llega a tener miedo de otra crisis y evita los lugares o situaciones en los que lo sufrió anteriormente. Este miedo en muchos casos puede llegar a ser paralizante, ya que el temor a sufrir una crisis le impide abandonar sus casas.

Generalmente estos ataques se disparan por causa de un agente activador, el cual se presenta súbitamente y crea un estado de ansiedad y confusión casi instantáneo.

Existen diferentes clases de ataques de pánico:

  • Espontáneos: Aparecen sin advertencias en cualquier momento del día, incluso durante el sueño, sin un desencadenante aparente. Quienes las sufren no pueden siquiera intentar racionalizarlas o relacionarlas a un temor específico.
  • Específicos: Se presentan ante situaciones o lugares específicos. Se liberan totalmente los síntomas cuando se está en ambientes cómodos como la casa, a solas, o con amigos de confianza. Esto puede tener un efecto debilitante, ya que quienes los experimentan evitan estos disparadores, a menudo sufriendo grandes inconvenientes tanto para ellos como para sus seres queridos.
  • Predispuestos por situaciones: Se observan cuando quienes los sufren notan experimentarlos más frecuentemente en determinadas situaciones. Por ejemplo, al viajar, pero no debe ser confundido con una fobia específica, ya que las probabilidades de que sí sufran ataques en esa determinada situación son por mucho mayores a las normales.

 

Como la mayoría de las enfermedades del comportamiento, las causas de los ataques de pánico son muchas.

Hay una tendencia a tener ataques de pánico de forma hereditaria. Sin embargo, también hay evidencia de que el pánico puede ser una respuesta aprendida y que los ataques se pueden iniciar en personas sanas, simplemente, dado el conjunto adecuado de las circunstancias.

Ciertas condiciones médicas, como el asma y las enfermedades del corazón, y ciertos medicamentos como esteroides y algunos medicamentos contra el asma, pueden propiciar ataques de ansiedad como un síntoma o efecto secundario. Como los individuos con trastorno de pánico tienen un mayor riesgo de tener un corazón – válvula de anomalía llamada prolapso de la válvula mitral (PVM), que debe ser evaluado por un médico ya que MVP puede indicar que los cuidados especiales que tener cuando la persona es tratada por un problema dental.

Las investigaciones son inconsistentes en cuanto a si las deficiencias nutricionales (deficiencia de ejemplo, el zinc o magnesio) pueden ser factores de riesgo para el trastorno de pánico. Aunque los aditivos alimentarios como el aspartame, solos o en combinación con colorantes de alimentos, se sospecha que juegan un papel en el desarrollo de los ataques de pánico en algunas personas, se necesita más investigación para comprender su papel en el trastorno.

En estos casos, el manejo psicoterapéutico es indispensable, así como muchas veces el apoyo farmacológico.

En el ámbito psicoterapéutico es necesario enfocarse al origen de la ansiedad y cómo es afrontado, como los aprendizajes que se han establecido en relación con las crisis. La terapia cognitivo-conductual ha demostrado en numerosos estudios su efectividad en el tratamiento para los trastornos de ansiedad, ha sido particularmente eficaz para ayudar a las personas a superar los ataques de pánico, con alrededor del 80% al 85%.

Es indispensable contar con red de apoyo por parte de la familia y que la persona que vive este trastorno sepa que cuenta con alguien en caso de una situación de crisis. Hay cosas que las personas con trastorno de pánico pueden hacer para ayudar con su propia recuperación como el evitar las sustancias como la cafeína, el alcohol y las drogas ilícitas pues éstas pueden empeorar los ataques de pánico.

Otros consejos para el manejo de los ataques de pánico incluyen la participación en el ejercicio aeróbico y de las técnicas de manejo del estrés, como la respiración profunda y el yoga de forma regular, ya que estas actividades también se han encontrado para ayudar a disminuir los ataques de pánico.

Sobre El Autor

Licenciado en Psicología Clínica, por el Instituto de Estudios Superiores de Oaxaca. Oaxaca, México. Maestro en Educación en el Campo de Orientación Educativa y también Maestro en Psicoterapia Humanista, por el Instituto Universitario "Carl Rogers". Cuenta con un Doctorado en Programa Procesos de formación en espacios virtuales. Funciones mentales superiores en espacios virtuales y gestión de espacios virtuales de información y conocimiento de la Universidad de Salamanca, España y otro en Comprensión del Texto y del Discurso: Procesos Cognitivos y Aplicaciones Instrumentales (Doctorado con reconocimiento de la "Mención de Calidad" por el Ministerio de Educación y Ciencia), Universidad de Salamanca, España.

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