Comúnmente se asume que los individuos con discapacidades físicas, sensoriales (sordera o ceguera) e intelectuales no están en alto riesgo de infecciones de VIH. Se cree erróneamente que son sexualmente inactivos, muy probablemente no consumen drogas o alcohol, y con menores riesgos de violencia y violación que sus pares sin discapacidad.

 

Los factores de riesgo para individuos con enfermedades mentales han recibido mayor atención, pero la investigación y programación para esta población todavía están muy por detrás de la que se encuentra disponible para la población en general.

 

Aún así, la creciente literatura indica que individuos con discapacidad se encuentran a un riesgo igual o mayor de estar expuestos a todos los factores de riesgo conocidos. Aquí se argumenta que hay una necesidad apremiante de hacer investigación y de mejorar servicios en general y específicos en discapacidad dirigidos a individuos con discapacidad. Este estudio revisa críticamente los riesgos sociales, económicos y médicos conocidos que están asociados a vivir con una discapacidad y que tienen referencia con implicaciones de infección del VIH, y propone una tipología tridimensional de intervención. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada diez personas, 600 millones de individuos, viven con alguna discapacidad que es suficientemente significativa para causar una diferencia en sus vidas cotidianas.

 

El ochenta por ciento viven en el mundo en desarrollo, con una mayor proporción en el medio rural que en las áreas urbanas.  Son los ciudadanos más estigmatizados, pobres y menos educados del mundo.

 

 

La discapacidad comúnmente es abordada como una preocupación médica. Aunque algunos individuos con discapacidad sí presentan algunas condiciones médicas y necesidades de rehabilitación, hay una creciente concientización de que los mayores problemas a los que se enfrentan son la inequidad social, pobreza y ausencia de derechos humanos.

 

 

Las Naciones Unidas, en efecto, han afirmado claramente que alguien puede ser una persona con discapacidad y ser saludable al mismo tiempo; de manera alarmante, muy poco se conoce acerca del VIH/SIDA en la población con discapacidad. Solo un puñado de estudios de prevalencia, todos del norte de América, han sido publicados. Sin embargo, los resultados de estos estudios han generado serias preocupaciones.

 

 

Por ejemplo, una pequeña encuesta realizada en Estados Unidos reportó un índice de infección del VIH/SIDA entre individuos sordos del doble que el de personas oyentes de su entorno.

 

 

A inicios de la década de 1990, los índices de infección entre mujeres esquizofrénicas institucionalizadas en dos hospitales urbanos se encontraban entre el 5% y el 9%. El SIDA es ahora la primera causa de mortalidad entre mujeres con enfermedades psiquiátricas en la ciudad de New York.

 

 

Hay pocos estudios comprobables acerca de índices de prevalencia del VIH/SIDA en la población con discapacidad en el mundo en desarrollo. Mulindwa, utilizando las ETSs como un método de aproximación a la potencial exposición al VIH, condujo un estudio en Uganda, y encontró que el 38% de mujeres y el 35% de hombres con discapacidad reportaron haber tenido una ETS alguna vez.

 

 

Adicionalmente, la epidemia de SIDA puede incrementar los índices de discapacidad. Los efectos discapacitantes del SIDA en individuos sin previas discapacidades están bien establecidas, pero otras secuelas han recibido menor atención.

 

 

Por ejemplo, la exposición intra-uterina al virus del VIH puede causar retrasos significativos en el desarrollo.

 

Hay sólo un grupo limitado, aunque frecuentemente innovador, de artículos e informes de pequeña escala acerca de educación y estrategias de intervención en SIDA dirigido a poblaciones con discapacidad.

 

Aún sin haber un gran cuerpo de investigación, la evidencia anecdótica proveniente de grupos de defensa en discapacidad señalan los índices significativos y no reportados de infección, enfermedad y muertes por VIH. En efecto, el alcance del problema en el Africa sub-sahariana impulsó a Jonson para que declarara de manera inequívoca que los esfuerzos para proporcionar servicios de rehabilitación a la población con discapacidad “ya no son posibles” a menos que los asuntos del VIH sean abordados.

 

De acuerdo con lineamientos de la OMS, “discapacidad” se define en este documento como individuos con deficiencias físicas, sensoriales, intelectuales o mentales en su salud, que tienen un efecto significativo y de término prolongado en la vida cotidiana y actividades del individuo. Una rápida revisión de la literatura confirmó que, mientras se prestaba considerable atención a los efectos discapacitantes del VIH/SIDA en personas previamente saludables, casi no se hacía mención del impacto de la epidemia del SIDA en personas con condiciones pre-existentes de discapacidad.

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