El daño que ocasiona la hipertensión arterial en el ojo se conoce como Retinopatía Hipertensiva. La zona primordialmente afectada es la retina. La retina es la capa de tejido nervioso que se encuentra en la parte posterior del ojo y su función es transformar la luz y las imágenes que ingresan al ojo en impulsos nerviosos que se envían al cerebro.

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La hipertensión arterial puede provocar daño a los vasos sanguíneos en la retina, aunque su nombre indica sólo la participación de la retina, se observan también cambios tanto en la coroides que es la capa vascular del ojo como en el nervio óptico.

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Dependiendo de la cronicidad y severidad con la que se presente la hipertensión arterial, también dependerá el daño ocular que se manifieste; es decir, cuanto más alta sea la  presión arterial y mayor sea el tiempo que ésta haya estado elevada, mayor será el daño y la pérdida de la visión que se produzca; cuando además de la hipertensión arterial se padece diabetes o colesterol alto y se suma tabaquismo, la probabilidad de daño aumenta.

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En muy pocas ocasiones, se puede presentar presión arterial elevada repentinamente, pero cuando esto sucede, también puede ocasionar cambios graves en el ojo.

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La hipertensión arterial es una enfermedad crónica degenerativa con una alta prevalencia alrededor del mundo, aproximadamente el 30% de la población mexicana padece hipertensión arterial (alrededor de 15 millones de mexicanos).1

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En el 90% de los casos de hipertensión arterial la causa es desconocida y a esta forma se le denomina “hipertensión arterial esencial”, la cual tiene un patrón hereditario.

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La hipertensión arterial que tiene una causa demostrable se le denomina hipertensión arterial secundaria; las causas más frecuentes de este tipo de hipertensión arterial son de origen renal: Glomerulonefrítis, nefropatía diabética, pielonefrítis crónica, de origen endocrino: Hipercorticismo, Síndrome de Cushing o Feocromocitoma, etc. y secundarias al embarazo como: Preclamsia y Eclamsia.

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La hipertensión arterial tiene gran importancia porque afecta a un gran número de personas en el mundo, por ser una enfermedad incapacitante, y por el aumento de la mortalidad que se produce por el daño a órganos de impacto u órgano diana:

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  • Corazón: insuficiencia cardiaca, arterosclerosis, aneurismas vasculares,
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  • Riñón: insuficiencia renal,
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  • Ojos: retinopatía hipertensiva y ceguera.2
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El término Retinopatía Hipertensiva, comprende todas las modificaciones halladas en el fondo del ojo del hipertenso: en la retina y sus vasos, en el nervio óptico y en la coroides.3

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Estos cambios comprenden: disminución del calibre arteriolar, (vasoconstricción arterial),  arterias tortuosas, venas distendidas, alteraciones del reflejo vascular, trombosis venosa, aneurismas retinianos, obstrucción arterial, hemorragias aisladas, exudados retinianos, y papiledema (inflamación de nervio óptico).

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La mayoría de las personas con retinopatía hipertensiva no presentan síntomas hasta cuando la enfermedad se encuentra en etapas muy avanzadas, cuando se presenta puede haber, cefalea (dolor de cabeza), visión débil o borrosa hasta la pérdida de la visión.

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En la consulta regular de todo oftalmólogo se realiza la valoración del fondo de ojo que es un estudio en el cual se observa y valora la retina mediante un oftalmoscopio indirecto, esto permite la detección temprana de la retinopatía hipertensiva, y además otorga información muy valiosa sobre las alteraciones producidas durante el paso del tiempo, esto es posible ya que la retina es el único lugar del organismo donde pueden ser observados y valorados los vasos sanguíneos, además el estudio de la retina orienta sobre el estado que pueda existir en el sistema nervioso central. La retinopatía hipertensiva permite establecer o ratificar un diagnóstico y plantear un pronóstico.

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La angiografía con fluoresceína puede ser utilizada, los hallazgos angiográficos nos orientan en la evolución y manejo del paciente con retinopatía hipertensiva.

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El tratamiento de la retinopatía hipertensiva consiste en bajar la presión arterial de forma controlada a un nivel que reduzca al mínimo el daño de órganos diana.

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La retinopatía hipertensiva crónica rara vez produce una pérdida significativa de visión. Con el tratamiento adecuado, las lesiones retinianas son reversibles y con frecuencia la visión vuelve a la normalidad, pero el estrechamiento arteriolar y muescas arteriovenosas suelen ser permanentes.4

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La clave para evitar la disminución de la capacidad visual de manera irreversible es manejar de forma adecuada y controlada la hipertensión arterial, no suspender el tratamiento médico de forma abrupta ya que puede tener repercusiones importantes en el desarrollo de la enfermedad y visitar regularmente al oftalmólogo una vez que se ha diagnosticado la hipertensión arterial.

Sobre El Autor

La Doctora Muñoz es cirujana oftalmóloga especialista, egresada de la Universidad Anáhuac con especialidad en el Hospital Central Militar.

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