En las comunidades rurales de México -aún más que en la zona urbana- es difícil encontrar centros educativos que mantengan instalaciones adecuadas para personas que utilicen sillas de ruedas.

 

“No puedo encargarme todo el tiempo de su hija, no voy a poder empujar la silla siempre y estar al pendiente”, le dijeron en la escuela a la madre de la menor, en una comunidad de la sierra de Durango. “Es difícil vivir en medio de la violencia, lo es peor cuando se traslada a alguien en una silla de ruedas, sin tener un automóvil propio, pero cualquier obstáculo se libra, hasta que te cierran las puertas”, afirmó la madre a Revolución TRESPUNTOCERO, importante medio de comunicación digital.

Según datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (ENADIS), siete personas de cada 10, creen que los derechos de las personas con discapacidad no se respetan o sólo se respetan en parte. De la población en México, 23.5% no estaría dispuesto, o sólo lo estaría en parte, a que en su casa vivieran personas con discapacidad.

Fernanda Santana, activista y especialista en atención a las personas con necesidades educativas especiales, explica que en México, de los subgrupos de niños con discapacidades, los menores que tienen discapacidad motriz son los que con mayor frecuencia padecen discriminación y ataques por parte de sus compañeros, ya sean verbales o físicos, debido al nulo control y capacitación de los docentes para inculcar el respeto y la ayuda hacia los infantes.

La experta agrega que aun cuando un niño se encuentre en una institución educativa especial, no garantiza que en ésta encuentre los métodos adecuados para desarrollar todo su potencial, “la inclusión de la que tanto se habla no significa que deriva en sensibilización, existen escuelas que no cuentan con los servicios necesarios para acercar a los menores a la normalidad, lo más que se pueda”.

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