Cuando se inicia una relación amorosa no se piensa en que algún día ésta pueda terminar, debido que se encuentra llena de deseos, ilusiones e intereses comunes más que de experiencias cotidianas, lo que hace pensar que la relación será eterna.

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Tal vez porque se inicia con la etapa del enamoramiento, esa pequeña locura, que hace que nos desconectemos de la realidad para pensar que se vive un mundo ideal con la persona perfecta.

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Es al paso del tiempo que las parejas cambian, y estos cambios han sido estudiados por la Psicología, como lo es el modelo del ciclo vital planteado por Duvall (Lefrançois, 2001) el cual se conforma de la siguiente manera:

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  • Primera etapa            –          Pareja sin hijos
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  • Segunda etapa           –          Nacimiento del primer hijo
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  • Tercera etapa             –          Hijos preescolares
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  • Cuarta etapa              –          Hijos escolares
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  • Quinta etapa              –          Hijos adolescentes
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  • Sexta etapa                –          Desprendimiento
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  • Séptima etapa            –          Padres solos
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  • Octava etapa              –          Padres ancianos
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Todo ello nos lleva a comprender que la relación de pareja no es estática, sino que está en constante movimiento, crecimiento y devaluación. Este proceso siempre va acompañado de diferentes tipos de crisis a lo largo de la vida, sin embargo, estas crisis en la convivencia, muchas veces los lleva a la disolución o al divorcio.

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El divorcio cada vez es socialmente más aceptado por las familias, pues el 36 por ciento de los hogares mexicanos mencionan que tienen un familiar en esta condición, siendo más común la mención entre jóvenes en zonas urbanas. 

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Cada pareja tiene una historia particular en su unión o separación, pues mientras existen parejas que tras poco tiempo de haberse unido se separan inmediatamente, están aquellas que a pesar de existir múltiples desacuerdos y todas las condiciones para separarse permanecen juntas.

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Aunque el divorcio como otras crisis en la vida, no necesariamente son mayores para las parejas con discapacidad, es claro que, ante la gran diversidad de discapacidades, estas influyen de diversas maneras en la relación interpersonal, pero es evidentemente que un divorcio para cualquiera implicará una vivencia particularmente difícil en el ser humano.

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