Día a día retamos a nuestro cuerpo a realizar actividades complejas que consideramos sencillas al no percatarnos de la cantidad de componentes de la ejecución que involucran, un ejemplo de ello es comer sopa con una cuchara, la cual es una actividad que requiere de mucha coordinación y estabilidad en el movimiento de la mano, aunado a un fuerte componente visual y propioceptivo.

Al nacer, todas nuestras habilidades se encuentran “inmaduras”, nuestro cerebro necesita desarrollarse e irse adaptando a un ambiente multisensorial fuera del vientre materno. La maduración de la relación ojo-mano se ha reforzado a lo largo de años de uso y práctica de las experiencias motoras y sensoriales a las que hemos sido expuestos a lo largo de nuestro desarrollo. Para lograr la atención y el reconocimiento de colores, formas y objetos, nos encontramos hoy en día materiales didácticos coloridos, de diferentes texturas, tamaños y pesos; ellos, junto con acciones motrices como el gateo, contribuyen de manera significativa a la maduración de visoespaciales. El gateo es un factor muy importante para la consolidación de la relación ojo-mano, ya que gracias a su componente cinético, vestibular y propioceptivo hace que los pequeños comprendan su entorno y “midan” su cuerpo gracias a la retroalimentación del movimiento a través de objetos.

 

Vidability

 

Un ejemplo de la relación entre la apreciación de las relaciones espaciales y la movilidad lo podemos encontrar en el estudio en lactantes de Benson y Uzgiris (1985). Los sujetos fueron colocados detrás de una barrera de plástico y después observaron a alguien que colocaba un juguete debajo de uno de dos manteles. A continuación se les permitió caminar o gatear, o fueron transportados si no tenían capacidad de desplazamiento. Se comprobó que los lactantes transportados no tenían tanto éxito en la obtención del objeto como aquellos que caminaban o gateaban (1).

Es muy importante la apreciación de la relación del niño con los objetos y el espacio, ya que estas experiencias perceptivas también quedan involucradas con la función motora. A medida que el niño aprende a moverse a través del espacio, también está aprendiendo a apreciar cuán lejos está el objeto, cómo entrar en las cosas y salir de ellas, cómo llegar a la parte superior, debajo, alrededor, detrás y cómo aprender muchas otras relaciones con los objetos y el espacio. Así el niño descubre sobre las partes del cuerpo, sus relaciones mutuas y también las relaciones de su cuerpo con los objetos y el espacio durante el desarrollo de la motricidad gruesa y fina (2).

La integración sensorial juega un papel muy importante dentro del desarrollo de visualización del espacio y percepción figura-fondo. Podemos hablar de la creación de ambientes estimulantes si nos remontamos en la historia alrededor de la década de los setenta, cuando se creó la cámara de Snoezelen o cuarto sensorial. Su nombre viene de una palabra Holandesa que deriva de los verbos “snuffelen” (buscar y explorar) y “doezelen” (relajarse). Estos cuartos cuentan con estímulos visuales importantes que contribuyen de manera significativa al desarrollo de habilidades espaciales. Aunado a la cuestión visual se tienen estímulos táctiles, auditivos, olfativos, vestibulares, que en base a la intensidad pueden crear ambientes relajantes que tienen énfasis en la concentración visual o ambientes activos que inducen a los usuarios a interactuar con los elementos en ella. Actualmente se utiliza en personas de todas las edades y se han desarrollado diseños para protocolos con adultos que presentan demencia y reclusos.

La percepción innata del espacio se obtiene mediante una combinación de convergencia de los ojos, acomodación y estereopsis (visión estereoscópica). Puesto que cada ojo ve el mundo desde un ángulo ligeramente distinto, existen pequeñas diferencias entre las imágenes retinianas derecha e izquierda (1). Las habilidades visoespaciales son aquellas que nos permiten ubicarnos en el espacio auxiliados por la retroalimentación visual, vestibular y propioceptiva que al apoyarse de las funciones manuales nos permiten alcanzar objetos, colocar, subir, bajar, ubicar nuestro cuerpo en el espacio desarrollando así el esquema corporal y la lateralidad, así como la variada relación con los objetos que manipulamos todos los días.

Varios ejemplos del desarrollo en habilidades visoespaciales pueden ser encontradas en los deportes, desde chutar un balón, encestar una canasta, hacer un home run, hasta el tiro con arco (como uno de los más complejos) son ejemplos de la importancia entre la coordinación de la visión con el componente motriz. Algunos componentes que ayudan a conocer las habilidades visoespaciales pueden ser medidos por los siguientes elementos:

  • Visualización del espacio
  • Percepción de fondo y figura
  • Percepción manual de la forma
  • Precisión motora
  • Copia de diseños
  • Praxis de la construcción (3)

La estimulación temprana es fundamental cuando existen riesgos de daño neurológico para desarrollar el componente visoespaciales en los pequeños, de igual manera se pueden encontrar alteraciones en las habilidades ojo-mano en la edad adulta, siendo un caso típico el glioblastoma multiforme, que es un tipo de tumor que altera la percepción viso-espacial y esto se desencadena en un fracaso de la actividad, pongamos por ejemplo a un paciente que trabaja constantemente en la computadora y un día se percata que en lugar de escribir la letra “A” del teclado, está escribiendo la letra “Z” que se encuentra justo debajo, pero el paciente no logra percatarse de que el problema se haya en la percepción viso-motriz, atribuye la falla al teclado. Es por ello que consideramos que las alteraciones en las habilidades ojo-mano pueden ser signo de daño neurológico y/o visual.

Volviendo al tema de la sopa, ¿te has puesto a pensar si las personas ciegas pueden comer sopa sin derramarla? Para fines prácticos: ¿has intentado comer sopa con los ojos cerrados? ¿crees que sea posible lograrlo sin ensuciarte la ropa? La respuesta a la última pregunta es Sí, porque como mencionaba al principio, existe un elemento llamado propiocepción que es un sistema encontrado en los músculos (gracias al órgano tendinoso de Golgi) que se encuentra cerca de las articulaciones y nos da la noción de la posición de nuestro cuerpo, prescindiendo de la parte visual. Por eso podemos hacer tantas cosas con los ojos cerrados, o sin poner la vista en el objeto (al abrocharnos las agujetas, al escribir en un tablero, etcétera).

Es importante, como siempre, recordar que existen muchos ejercicios para mejorar las habilidades visoespaciales, principalmente con objetos de figura-fondo, como rompecabezas (existen muchos tipos en base a la edad del desarrollo que se desee), ensambles (tipo lego o megablocks) ejercicios de dibujo, tiro al blanco, etc. Existen muchas opciones para fortalecer las habilidades visoespaciales, no olvides acercarte a algún especialista en el área de rehabilitación si necesitas ayuda al respecto.

* Gabriela Granados García, Licenciada en Terapia Ocupacional e mail: g.garcia@vidability.com.mx

1.- Rehabilitación Neurológica. María Strokes. Primera Edición. Editorial Harcourt. Página 276

2.- Tratamiento de la parálisis cerebral y del retraso motor. Levitt. Quinta edición.  Editorial médica panamericana. Página 263

3.- Terapia Ocupacional, Willard/Spackman. Octava edición. Editorial médica panamericana. Página 477

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