Historia por BEAC YOSHIOVA.

Despierto y veo a mi alrededor, todo es blanco, sólo hay una cama y una ventana a través de la cual veo personas a lo lejos. Siento un escalofrío que recorre  mi espalda y trato de recordar que fue lo que sucedió….

Siempre he creído que la idea de escondernos de los humanos es un tanto absurda, somos casi como ellos, incluso nuestras complexiones son parecidas. Son seres extraordinarios, de los que deberíamos aprender eso llamado “Humanidad”. Nuestro clan tiene ciertas costumbres crueles que van en contra de nuestra especie, nos  nombramos Vish.

 Los Vish somos seres que habitamos la tierra de Rouca, ubicada debajo del bosque, nacemos de la naturaleza. En la colonia hay una serie de árboles en donde se generan  cinco capullos por estación los cuales se abren al pasar unos días y nace un pequeño Vish. Cada uno de nosotros tiene la habilidad de convertirse en un animal el cual representa una parte interna de ti. Nuestra manifestación ocurre entre los 16 y 17 años. Primero sale una especie de tatuaje del lado derecho del arco del cuello, después  comenzamos a comportarnos o hacemos algún sonido relacionado con el animal en el que podrás convertirte.

Al principio, a muchos se les dificulta controlar sus transformaciones debido a la emoción y llegan a ser agresivos, pero los Vish más viejos te enseñan a poder manifestarte cuando tú quieras. Hasta aquí todo pareciera indicar que llevásemos una buena vida, el problema está al cumplir  los 17 años sin haberte manifestado. Te acusan de ser impostor y eres condenado a muerte de distintas maneras por el líder del clan, con el principal motivo de que sufras. No debes morir rápido, al contrario debe de ser lento y doloroso, estoy seguro que los humanos no harían algo así.

 

Un día se hizo un llamado a todos los Vish en el centro de la aldea, era un tanto extraño ya que sólo nos reuníamos cuando los capullos se abrían y según mi experiencia aún faltaban un par de días para que esto pasara. Cuando llegué  noté que todos tenían un gesto de horror en sus rostros. Me percaté de lo que estaban viendo; en lo más alto de la peña estaba Shila una Vish con la cual pasé gran parte de mi infancia y era su cumpleaños 17. Estaba amarrada de brazos y piernas, y me veía como si suplicara mi ayuda. Entonces el líder del clan habló:

  – A partir de ahora acabaremos con los impostores frente a todos ustedes hermanos, así incitaremos más pronto a los no manifestados-.

 Al menos esa era su teoría,  que nos asustaría y nos manifestaríamos por ello. Prendieron llamas debajo de Shila y comenzó a arder, después clavaron en ella varios cuchillos; no quise ver más. Mi cumpleaños era dentro de dos meses  y no había presentado ni la más mínima señal de manifestarme.

 Al llegar a mi casa estaba decidido. Empaqué todas mis cosas y partí hacia el mundo de los humanos, no podía quedarme, terminaría como Shila y era mi oportunidad de aprender sobre la humanidad.

El viaje fue largo, caminé durante 4 días seguidos, durmiendo unas horas por la noche y despertando temprano para continuar. Hasta que una mañana escuché ruidos que no reconocía. Seguí caminando y ahí estaba un mundo completamente diferente a la tierra de Rouca. Una especie de caparazón en movimiento pasaba a mi lado haciendo ruidos molestos. Humanos caminaban apurados sin ver su camino. De pronto, uno de esos caparazones se estampó contra mí lanzándome por el aire y  haciéndome perder la conciencia.

Cuando abrí los ojos me encontraba rodeado de humanos con una vestimenta blanca. Intenté levantarme pero no sentía mis piernas, un hombre alto de tez morena y voz grave se acercó, me preguntó mi nombre y de dónde venía pero no pude decir  palabra, estaba en shock pues nunca había estado tan cerca de un humano. Me miró y dijo que el accidente había causado una “parálisis“ y no podría volver a caminar en mucho tiempo.

Me  trasladaron a lo que los humanos llaman “Hospital público” ya que no encontraban ningún registro sobre mí. Los Vish no acostumbramos a ponernos un nombre individual pero en estos momentos requería uno, Decidí que mi nombre seria Murat.  Pasé unos días observando a los humanos desde la ventana de mi habitación, tanto encierro me hacía sentir atrapado así que opté por salir a tomar aire. El hospital me había proporcionado una silla de ruedas con la cual podía transportarme.

Me movía a través de varios caminos buscando una prueba de la humanidad, esta vez con cuidado para no tener otro accidente y al mismo tiempo sin alejarme mucho del hospital. Pero no encontré nada y ya estaba anocheciendo por lo que tenía que volver.    En el camino me distraje por un momento y choqué con un humano, él me miró con gesto de desagrado, le pedí disculpas pero no respondió y sólo se fue enojado, seguí mi rumbo hasta encontrarme con algo transparente y rígido, detrás de esto había una serie de cajas negras que emitían sonidos y se veían dentro de ellas a un humano hablando y mirando hacia mi, mencionó “Falta de humanidad” era como una respuesta a lo que venía a buscar, pero conforme iba escuchando me di cuenta de que se trataba de lo contrario, mencionaba violencia, maltrato a mujeres, discriminación por color de piel y a humanos con mis mismas condiciones.

Al otro día volví a salir, tenía esperanza de que lo que había visto el día anterior se tratara de un error. Me encontré con un humano de piel oscura, le pregunté a él sobre lo que había escuchado el día anterior.  Con un gesto extrañado resolvió mis dudas, todo era cierto, los humanos no eran lo que yo pensaba,  no había equidad, discriminaban a las personas y todo lo arreglaban con violencia o asesinatos, de lo que yo venía huyendo. Estaba muy decepcionado y lo que más deseaba era volver con los demás Vish,  ahí ya tenía una vida pero también sabía lo que me esperaba así que era imposible regresar. A partir de ese día dejé de salir al mundo de los humanos y me la pasaba todo el día encerrado en la habitación del hospital, hasta que un día una joven de nombre Eylem  fue a buscar a un pariente desaparecido pero no tuvo suerte. Más tarde la encontré llorando. Un poco temeroso me acerqué y le pregunté si se encontraba bien a lo que respondió abrazándome.   La consolé e incluso la hice reír, esta chica me recordaba a Shila. Resultó que hacía ya unos meses su padre había desaparecido y no había rastros de él en ningún lado, su madre la había abandonado y se sentía totalmente sola.  Yo sólo le regalé lo que tenía en ese instante,  una sonrisa y le dije “ahora ya no lo estás.”

Desde ese día ella me visitó constantemente, ¿ella tenía humanidad?, ¿ella era lo que había venido a buscar?.

Ya habían pasado casi 3 semanas desde mi llegada.  Una mañana Eylem fue a desayunar conmigo, ella me reafirmó lo malo que resultaban  los humanos, de pronto ella preguntó  “¿Cómo te hiciste esa cicatriz?”

-¿Cicatriz?- respondí y traté de dirigirme lo más pronto posible a un espejo, y justo ahí donde le debía salir a un Vish manifestado, estaba una cicatriz en forma de rasguños de algún felino. Sentí un gran alivio podía volver a casa, pero si me iba Eylem se quedaría sola, no podía hacerle algo así, entonces decidí contarle todo sobre los Vish.  Al principio quizá no me creería pero yo sé que ella confiaba en mí y podríamos llegar a un acuerdo para que yo pudiera visitarla y al mismo tiempo regresar a la tierra de Rouca, aunque con las nuevas reglas, sería una vida difícil.

 Cuando Eylem y yo nos encontrábamos solos vi el momento perfecto para decirle sobre mi manifestación

-¿Recuerdas que hace poco me preguntaste de mi cicatriz?- ella asintió. Comencé a contarle sobre la colonia, cómo nacemos, nuestras reglas y lo que yo creía que eran los humanos. Cuando terminé ella rió -estás bromeando ¿no?- comencé a decirle que me creyera de una forma desesperada.  -Por favor créeme, soy un Vish y puedo transformarme en un animal, apenas estoy empezando pero en cuanto sea capaz de hacerlo te lo mostraré- ella comenzó a asustarse así que tomó sus cosas y se fue.  Me asomé por la ventana y vi que antes de subir a su auto habló con una enfermera, después de eso ella no volvió más.

Hubo días que llegué a salir de nuevo con la esperanza de encontrarme con ella, aunque no tuve suerte. En cambio descubrí  otra cosa, un humano dándole de comer a otros que parecían pasarla mal, sin dudarlo me acerqué y el volvió a revivir mis esperanzas, me enseñó lo que en realidad es la humanidad, que hoy en día no queda mucha pero que aún hay personas que la llevan dentro.   El decía que podía ver en mí eso, y que si yo quería cambiar al mundo lo hiciera, que no esperara que cambiase por él solo,  lo entendí, volvería a la tierra de Rouca, convencería a muchos de que está mal la forma en que pensamos, y sé que no será tan difícil hacerlo porque a nadie le gusta ver como matan a sus hermanos, podríamos derrotar al líder porque él es el que ha causado todo mal contra nuestra especie.

Los días pasaron y yo sentía cada vez más el animal que vivía en mí.  Aún no estaba seguro si se trataba de un jaguar o puma, ya que mi comportamiento coincidía con estos, pero estaba ansioso de poder transformarme e irme de aquí ahora que ya no había nada que me detuviera y con la idea de cambiar a la colonia. Una enfermera  entró a mi habitación  y me dijo que me trasladarían a otra habitación.  Cuando estaba por contestarle  en lugar de palabras salió un rugido comprobando que sería un jaguar puesto que los pumas no cuentan con laringe.  Mi transformación se salió de control debido a mi emoción y me lancé contra la enfermera quien me esquivó saliendo de la habitación y encerrándome. Se supone que debía ya tener la apariencia física del animal pero al parecer mi parálisis estaba impidiéndolo. Después de unas horas escuché como abrían la puerta, entraron unos hombres extraños y me colocaron una camisa que inmovilizaba mis brazos, mi jaguar interno salió intentando lastimarlos para evitar que me llevaran.

Despierto y veo a mi alrededor, todo es blanco, sólo hay una cama y una ventana a través de la cual veo personas a lo lejos. Siento un escalofrío que recorre  mi espalda y trato de recordar que fue lo que sucedió. Un humano entra  y lo trato  de atacar pero la silla de ruedas me lo impide.  Sale de la habitación dejando caer unas hojas donde tengo otro nombre y el diagnóstico de una enfermedad llamada  licantropía clínica, el humano que entró hace un rato vuelve acompañado de otros más, me sujetan y me inyectan un líquido que me debilita.

Estoy tan medicado, no tengo idea de cuánto tiempo llevo aquí y sólo ronda por mi cabeza la misma pregunta….¿siempre fui un humano o en verdad soy un Vish?

.

Sobre El Autor

Somos el principal blog relacionado con el tema de la discapacidad en México. Nuestro equipo está formado por un grupo de especialistas en temas sociales y médicos; además de periodistas, técnicos especializados en ayudas, terapias, críticos de arte, así como, especialistas en accesibilidad. También, a través de este sitio informamos acerca de notas que incluyen invitaciones a nuestros lectores a participar en cursos, talleres o exposiciones del empleo accesible y otros.

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.