Por lo general, la sexualidad se asocia con una relación; emociones, contacto con otra persona, cercanía física y emocional, así como con sensaciones y reacciones físicas de placer. Quizá por eso, si pensamos en los primeros aspectos mencionados, nos cueste trabajo entender cómo una persona con autismo puede vivir su sexualidad; especialmente porque la palabra autismo evoca la imagen de una persona que vive en su propio mundo y que no tiene contacto con los demás.

Más que de autismo deberíamos hablar de los trastornos del espectro autista que, según la definición que maneja la Federación Latinoamericana de Autismo (FELAC), se caracterizan por deficiencias en la interacción social, la comunicación y la capacidad de imaginación. Estas características se presentan en diferentes grados, que van desde aislarse por completo y no mostrar ninguna intención de relación, aceptar un cierto grado de contacto e interacción, hasta en personas con un lenguaje muy desarrollado pero que son excesivamente rígidos y formales en sus conductas.

Sí, efectivamente, la relación no es el fuerte en las personas autistas ni tampoco lo es la expresión de emociones; pero la experimentación de sensaciones, y dentro de ellas, las que provocan los estímulos sexuales, son prioridad.

Una persona autista tenderá a mostrar conductas estereotipadas, repetitivas y muy sensoriales, como por ejemplo girar sobre su propio eje o fascinarse con el sonido de la bomba de agua o del microondas y buscará repetirlo una y otra vez. Sus actividades siguen un orden casi ritual en el que, para evitar entrar en altos grados de ansiedad, necesita seguir siempre una misma secuencia en un escenario sin cambios.

Si bien sus conductas y expresiones son distintas y atípicas, y en muchas ocasiones los trastornos del espectro autista se presentan acompañados de dificultades motoras, discapacidad intelectual, epilepsia y ceguera; su cuerpo cambia en la adolescencia y los intereses y expresiones sexuales, al igual que en el resto de las personas, se hacen más presentes y se modifican. Por ello, es necesario que tengan información y orientación que les ayude a entender y manejar lo que les sucede.

La expresión más común: la masturbación.

Dentro de este mundo de estímulos, sensaciones y conductas estereotipadas, la masturbación suele presentarse como la expresión más común de la sexualidad. De hecho, como reportan padres y terapeutas, es algo que se da con mucha frecuencia y que suele plantear interrogantes acerca de cómo reaccionar frente a esta situación. Los principales cuestionamientos se basan en cómo enseñar al joven o al adulto que se trata de una conducta que sólo puede realizar en privado y que debe respetar los espacios de los demás; sí, es necesario darles un cierto grado de orientación para que la estimulación sea realmente efectiva y no provoque frustración que derive en la autoagresión. Vamos por partes: Enfatizar dónde y cuándo.

Es un hecho que las personas con autismo tienen expresiones sexuales y tienen derecho a vivir su sexualidad. El punto es que al vivir en un mundo personal, muchas veces aislado y ajeno a las reacciones de los demás, pueden llegar a autoestimularse en lugares y momentos poco apropiados que incomodan a los otros además de ponerse en riesgo ellos mismos. Por lo que, así como aprenden a tener conductas de autocuidado, integrarse a un grupo escolar y tener una actividad laboral remunerada en un ambiente regular, pueden aprender y respetar ciertas reglas de convivencia al respecto. Pero para ello es importante que las personas cercanas acepten abiertamente que la conducta se presenta y le recuerden cuál es el lugar adecuado para llevarlo a cabo. Algunos padres optan por ponerle un nombre como “estar solo” o “estar contigo”. Así, cuando se presenta la conducta, de manera muy natural, solo recuerdan a su hijo o hija que si quiere “estar solo” o “consigo mismo” debe ir a su habitación y, después de ello, lavarse las manos.

Liberación o frustración

La masturbación, como otras de sus conductas, puede presentarse de manera compulsiva y en algunos casos, cuando no se logra la liberación de sensaciones y energía buscada, llega a generar mucha frustración que puede traducirse en conductas agresivas y/o autodestructivas. De ahí que los terapeutas se hayan llegado a preguntar si es necesario dar alguna orientación al respecto, lo que disminuiría la frustración, pero ¿cómo hacerlo? Generalmente se explica qué es, pero no necesariamente cuáles son las formas más efectivas de hacerlo, cosa que además, dependerá de cada individuo. Se necesita de un lenguaje claro y concreto y de ayudas visuales como imágenes que ayuden en la explicación; hay quienes incluso recurren a videos. Se trata de un tema sensible para el cual es necesario estar en sintonía con los padres y se requiere de apertura a la sexualidad, mucho respeto y aceptación plena del derecho y necesidad de la persona autista a experimentar este aspecto de su vida.

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