Estoy casi seguro de que la mayoría de las personas que se encuentren leyendo este artículo alguna vez emplearon andaderas para “aprender a caminar”. Yo mismo fui fiel usuario de ellas durante quien sabe cuánto tiempo; por tal motivo, el presente escrito puede ser motivo de escepticismo y en muchas personas generará la frase “ay, pero si yo también la usé y aquí estoy”.

De manera introductoria quiero hacer mención de que las andaderas convencionales, aquellas que usamos en nuestra infancia y que aún venden en las tiendas de autoservicio y en algunas boutiques para niños han demostrado ser, según la ciencia moderna, no sólo obstáculos para el desarrollo normal del niño, sino que también un peligro físico para aquellos quienes las emplean.

 

Algo de historia…     Las andaderas no son un invento nuevo, se trata de aditamentos que han empleado los niños desde hace ya varios siglos. La evidencia pictórica más antigua con la que cuenta la humanidad acerca del uso de la andadera proviene de una pintura del siglo XIV que representa a María, José y al niño Jesús…en su andadera; rústica, fabricada de madera y en nada parecida a las que se usan hoy en día. En el siglo XVI, es decir, un siglo después, Ferrarius (1577) recomienda su empleo con la finalidad de ejercitar al niño y ayudarle en su desarrollo: en algunos casos impide que el niño se encuentre expuesto a situaciones peligrosas como el fuego describió el médico en sus escritos y además recomendó que sea colocado en la cabeza del infante un protector de metal -estilo cubeta- para proteger esta estructura en caso de que caiga. En 1646 el famoso pintor holandés Rembrandt la plasmó en su pintura Het Rolwagentje. El nombre de andadera (o en inglés baby walker) se empleó durante el siglo XIX tal y como fue registrado en la oficina de patentes de Estados Unidos en el año 1875.

 

Cifras alarmantes.

Actualmente, las andaderas suelen ser de una estructura metálica y accesorios de plástico, mantienen la base amplia en forma de aro o de cuadro en su porción inferior para evitar que el niño alcance objetos peligrosos. Son un producto de consumo muy elevado y en nuestro país no se tiene una estadística de cuántos niños la utilizan pero seguramente la cifra es elevada.

Según la Organización Mundial de la Salud, (OMS), 2006, cada año 2,000 bebés fallecen debido a lesiones provocadas por accidentes prevenibles; desde hace algunas décadas, las andaderas han sido detectadas como las responsables de un gran número de estas muertes. A pesar de este hecho se ha demostrado que a nivel mundial del 47 al 83% de los padres siguen comprando andaderas a sus hijos y pocos son los bebés que salen exentos de alguna lesión: estudios recientes sugieren que hasta un 94% de los niños usuarios de andaderas experimentan algún tipo de lesión en el transcurso de esta experiencia.

 

 

Accidentes y lesiones más frecuentes debido al uso de andadera

  • Caída de escaleras
  • Atrapamiento de los dedos en alguna parte de la estructura de la andadera
  • Acceso a alguna sustancia peligrosa u objeto caliente
  • Caídas sobre el piso

 

Las lesiones pueden ser leves o bien poner en riesgo la vida del niño, como ejemplos citaremos a las fracturas, los traumatismos cerrados de cráneo, intoxicaciones, lesiones dentales y/o laceraciones entre otras.

 

 

¿Y por qué las seguimos utilizando? Seguramente porque no sabíamos todo lo que pueden provocar y ¿por qué no lo sabíamos? porque nadie en este país se ha interesado en realizar una campaña al respecto. La falta de información es enorme: en una serie de encuestas realizadas en Irlanda, España, Irak y Estados Unidos, la población aún piensa que el uso de las andaderas promueve la capacidad de caminar en el niño además de mantenerlo felizmente ocupado y tranquilo mientras los padres realizan otras tareas. Como resultado, en Estados Unidos se modificaron los estándares de producción a fin de evitar que se produzcan más lesiones y se implementaron medidas de difusión que tienen como propósito desalentar la compra de estos artefactos así como promover el uso de centros estacionarios de entretenimiento. Países más radicales como Canadá, prohibieron la producción y venta de las andaderas.

 

Por otro lado, la percepción de los médicos y de los pediatras hacia el uso de andaderas todavía se encuentra muy por debajo de lo deseado. En un estudio realizado en Turquía, se detectó que un 70% de las madre de niños usuarios y no usuarios de andaderas nunca fueron informadas acerca del riesgo de su uso y de aquellas que preguntaron a sus pediatras si sus hijos debían emplear una andadera, en el 18% de los casos el pediatra no lo recomendó pero en un 6% sí se recomendó su uso.

Además del riesgo de lesiones, el uso de las andaderas puede condicionar en el niño el retraso para la adquisición de las habilidades propias de los humanos en desarrollo. Aunque los estudios realizados muestran algo de discrepancia en sus resultados, todo parece apuntar a que el uso de la andadera es perjudicial en este aspecto y más aún que no favorece de manera adecuada el desarrollo del lenguaje.

El desarrollo del niño en cuestiones de la marcha obedece a un patrón cefalocaudal, es decir, que de manera ordenada -y jerárquica- el niño va adquiriendo sus habilidades motoras gruesas empezando por la cabeza y terminando en los miembros inferiores. Es un proceso muy complejo en términos evolutivos y neurológicos y la interrupción más sutil en este camino puede provocar un desequilibrio potencial no sólo en una sino en el resto de las habilidades a adquirir, por ello es indispensable seguir el curso normal del desarrollo en el niño sano.

Para que el niño camine por sí solo, debió haber desarrollado previamente algunas habilidades que darán como resultado una marcha estable y coordinada. Sería muy difícil pensar que el niño podría sentarse con los músculos del cuello aún débiles; aplicando esta premisa deduciríamos que el niño no podría iniciar la marcha (caminar) a menos que la musculatura abdominal, paravertebral y glútea se encuentre preparada para ello y su mapa de coordinación ya se encuentre maduro; estas características el bebé las va desarrollando paulatinamente con el gateo y otras habilidades. Si los padres interrumpen este proceso sólo están impidiendo que su hijo curse con la vía natural del desarrollo.

La intención del presente escrito es difundir que el empleo de la andadera promueve las lesiones y el retraso del neurodesarrollo. Si a nosotros nos impusieron una andadera cuando pequeños dejándonos en riesgo de un accidente, ni modo, eran otros tiempos, pero dada la evidencia actual su uso no es recomendable y es nuestro deber dejar de promover su empleo.

 

 

Referencias

 

  1. Taylor B. Babywalkers, development, cause injuries and we should be consider banning them. BMJ (2002), 325: 612.
  2. Garrett M, McElroy AM, Staines A. Locomotor milestones and babywalkers. BMJ (2002), 324: 1494.
  3. Bilici M, Yilmaz AE, Catal F, Keles N. Baby walkers: a perspective from Turkey. Acta Paediatrica (2009), 98:1656.
  4. Chiaviello CT, Christoph RA, Bond GR. Infant walker-related injuries: A prospective study of severity and incidence. Pediatrics (1994), 93:974.

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